jueves, 4 de marzo de 2010

12 + 1

Un año, doce meses fueron los que trabajé en Saigón entre 2007 y 2008. Fue el mejor año de mi vida, seguramente por todos aquellos viajes que hice por el sudeste asiático y no por vivir en la capital del Sur de Vietnam. Un infierno de ciudad, lo mires por donde lo mires, pero inevitablemente es lo primero que echo de menos cuando pienso en aquel año.

Mi primer encuentro con Asia, el estimulante ritmo de vida del expatriado, un maravilloso país por descubrir. No sé qué hizo que me enamorase de Vietnam... y llegara a desear no haberlo abandonado jamás.



¿Cuál era el propósito de mi regreso a Saigón 1 año 5 meses y 5 días después en 2010? Sin duda recuperar todo aquello cuanto echaba de menos, todos y cada uno de los pedacitos que compusieron mi día de día en Vietnam hasta completar de nuevo el puzzle de la felicidad.



Cuando terminó mi periodo de beca en Vietnam me lancé a buscar un trabajo en Hong Kong, una decisión que tomé muy a la ligera sin pensarlo concienzudamente y que por múltiples razones, algunas fuera de mi alcance, terminó en fracaso estrepitoso y vuelta a España. El caso es que durante el tiempo que pasé en Hong Kong buscando trabajo fuí consciente de que abandonar Vietnam no había sido una decisión acertada. Hong Kong era una ciudad que me gustaba, muy moderna y cómoda para vivir, pero después de dos meses sentía que sencillamente no me aportaba lo mismo que Saigón. Descubrí que nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.

Claramente en ese momento se me pasó por la cabeza la idea de regresar a Vietnam para buscar empleo pero ya era tarde y mi visado de trabajo había caducado. Intentarlo de nuevo a la aventura era una opción demasiado arriesgada puesto que ya había gastado todos mis cartuchos en Hong Kong así que opté por lo más sensato, renuncié a todo lo que había dejado atrás hasta que algún día pudiera regresar.



Es comprensible por tanto que al surgir una nueva oportunidad de volver a Asia con una beca en Japón aprovechara para pasar un tiempo en Vietnam e intentara recuperar por un instante esa vida que tanto echaba de menos. Un instante que sería tan fugaz que apenas parpadeara tendría que abandonarlo de nuevo.

Se trataba pues de aprovechar al máximo el mes de estancia en Saigón con la esperanza de quedar completamente satisfecho y conseguir una paz interior.



Lo primero fue encontrar un sitio donde vivir, un mes no es un periodo de tiempo razonable para tirar de hotel. Mi amigo Deeptesh, que todavía seguía en la ciudad, tuvo la amabilidad de ofrecerme una habitación en su casa de Bến Vân Đồn, en el distrito 4, justo al lado del canal que marca el límite del distrito 1, el del centro. Desde su apartamento de estilo occidental contemplaba todas las mañanas la ciudad. Tuve tiempo de recorrerla otra vez de arriba y abajo y de visitar los principales puntos de interés, de pasear por el bulevar de Nguyễn Huệ hasta el imponente Hôtel de Ville, de cruzar por delante del Teatro de la Ópera esquivando la marea de fotos que baja por Đồng Hới, de sentir la brisa en la cara al conducir una Honda Wave a toda pastilla por la plaza de Notre Dame.



La comida fue una de las cosas que más echaba de menos. Volver a degustar la deliciosa gastronomía vietnamita fue el mayor de los placeres. No tengo palabras para describir la sensación que tuve al probar de nuevo mi plato favorito de rau muống xào tỏi, o unas gambas borrachas en el 3T, un phở en el Temple Club, los rollitos chả giò del Ngon o la pinza de cangrejo rellena del Ngọc Sương en Lê Quý Đôn. Todo ello acompañado como siempre de nước chanh (zumo de limón exprimido con azúcar) y de cerveza Tiger o 333.



Y después que no falte un Cà phê sữa đá en la terraza más in de la ciudad, el Windows Café.



Para cenar, una buena opción fue pasarse por el Sushi Bar de Lê Thánh Tôn, el lugar donde probé por primera vez el sushi y el sashimi y donde comenzó mi afición por la comida japonesa en general. Para mi sorpresa han abierto más restaurantes en otros distritos.



No pude resistirme a pedir una ración del plato estrella del restaurante, el negi sake toro maki tenpura que en su día me descubrieran unos amigos españoles. Tengo que encontrar un restaurante en Japón que sirva esta delicia.



Hablando de españoles, una de las primeras cosas que hice nada más poner un pie en la ciudad fue pasarme por el Pacharán, el centro de reunión de la comunidad española en Ho Chi Minh City. Allí encontré a los viejos del lugar (lo digo con todo el cariño) José Luis, Vicente y compañía sentados en la mesa jugando al dominó, ¡como si el tiempo no hubiera pasado para ellos!



El reencuentro fue emotivo. Rápidamente me pusieron al día de lo que había acontecido tras mi marcha. Cada vez son más los españoles que llegan a Vietnam y la comunidad crece para alegría de todos. Aunque sé que estas cosas se dicen por compromiso fue agradable escuchar que a los becarios de mi generación se nos recordaba y se nos echaba de menos.

Es cierto que mis amigos y compañeros Pedro, Carlos, Ana y Tomás ya no estaban en la ciudad; quizás la experiencia de vivir en Saigón no sería del todo la misma, pero me faltó tiempo para pasarme por la Oficina Comercial y conocer a los nuevos becarios! Hice buenas migas con Juan, mi sucesor en el cargo de Informático, y salimos de gambiteo por los garitos clásicos varios fines de semana: el Lush en Lý Tự Trọng, el Q Bar debajo de la Ópera y el Liquid de Hai Bà Trưng. El espíritu ICEX permanece vivo allí donde haya un becario.

Además de hacer turismo, dar cuenta de la gastronomía, reencontrarme con los viejos amigos y hacer otros nuevos también tuve tiempo de mejorar mi vietnamita.


Durante el año que trabajé en Vietnam me esforcé por aprender el idioma local, a pesar de que no hacía falta y con el inglés se podía tirar perfectamente. Dos días a la semana recibíamos clases de vietnamita durante el descanso del almuerzo en la oficina y después del trabajo el aprendizaje continuaba con el apoyo de Thoai, mi novia. Al final del año de beca conseguí tener un nivel aceptable de conversación y después de pasar tanto tiempo casi sin hablarlo no quería terminar olvidándolo así que convencí a mi amiga Nani, una vietnamita estudiante de español, para que me diera algunas clases por semana durante ese mes que iba a pasar viviendo en Vietnam. Suficiente para desempolvar los apuntes y recuperar la fluidez básica. Para forzar aún más el aprendizaje me propuse un objetivo: mejorar lo necesario para poder sobrevivir sin el inglés en el viaje que tenía planeado la última semana a Sapa, las montañas del Norte de Vietnam. ¡Y vaya si al final me sirvió! Tuve un pequeño accidente de moto y fue muy útil poder comunicarme con los locales.

El vietnamita, un idioma completamente inútil fuera de Vietnam pero por el que siento una incomprensible atracción. Quizás sea por el hecho de que casi ningún occidental lo habla en Vietnam y las ventajas que uno obtiene cuando es capaz de comunicarse en esa lengua, empezando por el regateo, son proporcionales al nivel de sorpresa y admiración que sienten los vietnamitas ante semejante esfuerzo por integrarte. En el futuro me gustaría dedicar más horas a aprender este idioma si por azares del destino acabo con mis huesos en Vietnam. Ahí queda eso...

Por último, un mes da para mucho, ¡hasta para recibir visitas! Mi amigo Flapy se pasó unos días por el Sur y estuvimos haciendo el pirata por Saigón y viajamos al Delta del Mekong para ver los mercados flotantes.



A final de mes parecía como si nunca hubiera abandonado Saigón, como si mi beca ICEX hubiera durado 12 + 1 meses. Totalmente recomendable la experiencia de visitar tiempo después un lugar en el que has vivido y jugar a intentar llevar el mismo ritmo de vida de entonces.

En el universo de los expatriados las personas siempre vienen y se van y las ciudades cambian de apariencia, poco permanece constante. Para encontrar el sitio de nuevo a veces no hace falta completar todas las piezas del puzzle, sólo hay que saber buscar aquello que te hizo enamorarte un día por primera vez. Puede estar en la gastronomía, en un agradable paseo en moto, en una costumbre local o en el aroma de una mujer.

10 comentarios :

EL TÍO CHIQUI dijo...

Muchacho qué amor por esa tierra cogiste...hace tiempo que no leía a nadie hablar tan apasionadamente de un lugar. Recomendable la experiencia, tanto como ver las cosas que permanecen inmóviles en el tiempo, contrastando con las que se mueven a la velocidad de la luz. Gran entrada.

abrazos!

Javier I. Sampedro dijo...

Leyéndote uno se hace idea de las ansias que tenías por estar de nuevo en Vietnam, recorrer sus calles, rodearte con su gente, disfrutar de la gastronomía... Quieras que no, sentimientos parecidos cuando terminaba la beca y estuve un mes fuera de la ciudad.

Ya sé que nada tiene que ver HCMC con HK, pero el haber vivido un tiempo en una ciudad, te marca y más si uno encuentra su hueco en ella, se adapta a la vida y se siente como en casa.

Tengo que regresar a Vietnam, y no me importaría que fuera en una aventura los dos juntos, molaria, verdad? :)

Un abrazo

Sito dijo...

Joder tio, como te entiendo. Si cambiaras tu nombre por el mio y Saigón por Bangkok parecería que estabas hablando de mi.

Estos sentimientos no son facilmente entendidos por la mayoría de la gente, así que me alegro de encontrar compañeros con los que sentirte indentificados y poder hablar de estas cosas sin que te miren raro.

Un abrazo.

Pepa dijo...

Weee!! no sabia que estabas de vuelta por oriente!! desde que habias dejado de actualizar el blog cuando volviste de vietnam, pensaba que ahi se habia quedado, me he alegrado un monton al descubrir tus novedades!! a ver cuando tengo un rato y me leo todo lo atrasado en plan novela, jejejeje. Un abrazo desde la aburrida Galicia :D

Robert dijo...

Me ha molado mucho leer tu entrada, muy emotiva. Me acuerdo cuando antes de ir a Japón intercambiamos un par de mails y me comentaste de esas sensaciones de dejar Asia lejos y las ganas de volver. Me emocionó mucho porque yo siento lo mismo, aunque no haya estado tanto tiempo, pero sé lo que son esas ganas por volver. AHora que no es volver Asia, sino volver vietnam, mola mucho más. ^_^


Me ha resultado curioso lo de the land of the... ¿todos los paises asiáticos tienen una frase así? a Corea le llaman "the land of the morning calm". ¿Cómo le llamaran a España? "the land of the tapas and sangria"? xD

bueno nada, que me ha gustado leerte. :)

Alberto dijo...

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Veo que también os pasa a muchos, cada uno con lo suyo. Este post podría ir dedicado a todos aquellos que vivieron una vez o simplemente pasaron un tiempo en alguna ciudad extranjera y sienten nostalgia por regresar algún día. Os animo a hacerlo, aunque sea por un periodo corto, vivir de nuevo esas sensaciones que en su día nos marcaron no tiene precio.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Hola Alberto,
Mi novia y yo nos vamos este verano a Vietnam, y en la planificación del viaje tu blog nos está sirviendo de mucha ayuda. Da gusto tener una fuente de información tan detallada. Se agradece. El caso es que buscamos, para completar nuestro viaje, un lugar donde pasar unos días de relax, sol y playa. Estamos dudando entre Mui Ne, Nha Trang y Phu Quoc. ¿Qué nos recomiendas, sobre todo teniendo en cuenta que vamos en Agosto?

David

Alberto dijo...

Hola David,

Agosto es temporada de lluvias en el Sur de Vietnam (incluye todo los sitios que has mencionado) pero con suerte disfrutaréis de algo de sol.

Phu Quoc es la playa más remota y apartada, apenas van turistas. Si tenéis espíritu aventurero os recomiendo ir allí y alquilar una moto o un chófer en coche que os lleve hasta Băi Sao o Sao Beach, en el lado Sureste. Es una playa virgen, sin explotar (al menos hasta hace 2 años). La costa Oeste está plagada de resorts así que si vais con intención de quedaros bajo la sombrilla del hotel bebiendo margaritas quizás os salga más rentable ir a Nha Trang o a Mui Ne por el coste del transporte.

Mui Ne es muy conveniente si pasáis por Ho Chi Minh City, ya que está a pocas horas en autobús. La playa es larga pero sólo una parte es apta para el baño y el kitesurf, en la otra hay pescadores. La mayoría de resorts se concentran en la primera zona.

Nha Trang es mejor playa que Mui Ne pero hay que ir en avión (el billete debería estar tirado de precio) o bien meterse la paliza en autobús. También podéis ir en tren, pero la reserva es complicada (quizás desde vuestro hotel en Ho Chi Minh City os ayuden). En Nha Trang además de playa hay un montón de actividades como snorkel, island hoping y hasta ruinas de la civilización Champa.

En fin, que relax podéis tener en los tres sitios. Lo del sol depende un poco de la suerte porque ya os digo que Agosto es temporada de lluvias en la mitad Sur del país (playas en el Norte no conozco, aunque un chapuzón en la Bahía de Ha Long sí que os podéis dar). Si os mola la aventura y tenéis días y no os importa pagar un poco más, Phu Quoc. Si no queréis rascaros mucho la cabeza Mui Ne es lo más fácil y barato. Nha Trang tiene mejor playa que Mui Ne y aparte muchas actividades, quizás también sea la más explotada por el turismo.

Por último, no habéis mencionado Hoi An pero también es una playa estupenda, tranquila y tiene buenos resorts. Si vuestro viaje incluye parada en el Centro de Vietnam para visitar Hué y Hoi An podéis parar un par de días alojados en un resort de la playa de Cua Dai, a 10 minutos del centro de Hoi An en bus o taxi. Lamentablemente Hoi An está justo en la frontera con el clima tropical así que también se ve afectado por la estación de lluvias.

Que disfrutéis del viaje.

Saludos.

Xavi_kun dijo...

Otro que se siente identificado con tu entrada, en este caso a mi me pasa con Auckland en Nueva Zelanda.
Aun tengo un vacio, una extraña sensación de que me dejo algo... que no creo que se cure hasta que la vuelva a visitar.

Una muy buena entrada!!
Un abrazo!

Alberto dijo...

Jeje, lo que decía, Xavi... cada uno tiene su rincón. Ahora bien, me pregunto yo si cuando dejemos Japón nos pasará lo mismo y llegaremos a tener el mismo vacío. Por si acaso deberíamos aprovechar al máximo nuestro tiempo aquí y no dejar nada por hacer. :-)