Mostrando entradas con la etiqueta Tailandia - Ko Tao. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tailandia - Ko Tao. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de marzo de 2011

Curso de buceo PADI OPEN WATER en Ko Tao

Llevo AÑOS queriendo escribir esta entrada.

Por fin tengo la certificación de buceo PADI OPEN WATER.


Conseguirlo no ha sido ninguna gran hazaña, sólo es cuestión de tener tiempo y ponerse con ello, pero ya sea en el caribe o en el sudeste asiático. ir con este título es una gran ventaja ya que te permite acceder a un mundo fantástico, el mundo submarino.



Yo que he sido toda mi vida de interior descubrí esto allá por 2007, cuando llegué a Asia por primera vez y comencé a viajar por los países del sudeste. Tioman en Malasia, Gili Trawangan cerca de Bali en Indonesia, más tarde Boracay y Palawan en Filipinas, fueron todos maravillosos destinos de playas de arena blanca y aguas transparentes repletas de abundante vida marina. Pero sin nociones básicas de submarinismo ni tiempo suficiente para hacer el curso, lo único que podía hacer era enfundarme unas gafas con tubo y un par de aletas para hacer esnórquel. La profundidad de buceo dependía entonces de la capacidad de mis pulmones y la sensación que me quedaba al final era la de que me habían puesto la miel en los labios, un quiero y no puedo.



Así que cuando en 2010 regresé de nuevo para vivir en Asia, lo primero que pensé fue en escaparme al sudeste asiático de vacaciones el número mínimo de días para sacarme de una vez por todas la certificación PADI OPEN WATER. Esta certificación es una de las básicas dentro del programa de certificaciones de buceo recreativo que ofrece la asociación PADI y la que te introduce de forma completa en este estilo de vida, como les gusta llamarlo a ellos.



Ya estaba decidido, sólo faltaba buscarme un compañero de aventuras. Mi amigo Javi se apuntó al lío sin dudarlo un momento, creo que tenía las mismas ganas que yo de conseguir por fin la ansiada certificación, jejeje. Viviendo en Hong Kong le queda todo a tiro de piedra...



Elegir el lugar más indicado para hacer el curso parecía en cambio más complicado, había tantas opciones. Nuestro amigo Andrés nos echó una mano con esto. Considerando únicamente Tailandia y Malasia teníamos las islas en el Mar de Andamán (Ko Phi Phi, las islas Surin, el archipiélago Langkawi, Pulau Pangkor) y las islas del golfo de Tailandia (Ko Tao y Ko Samui, Pulau Perhentian). Por pedir que no quede, incluimos Pulau Sipadan, una de las más aclamadas del mundo, aunque quizás pilla un poco lejos en el mar de Célebes.



Al final nos decidimos por Ko Tao, al este de Tailandia. Fue por una razón muy simple, es el lugar donde se expiden más licencias PADI del mundo. Eso significa unos precios muy competitivos y unos niveles altos de calidad en la formación. Encontrar el resort más conveniente no supuso problema gracias a internet. Después de leer excelentes críticas en otros blogs de viajeros, nos pusimos en contacto con Eva y Sebastián de viajarybuceo (página web, página en Facebook) y en pocos días ya teníamos la reserva del curso de 4 días en Ban's, uno de los resorts más populares de Ko Tao y con reconocido prestigio en el mundo de la enseñanza del buceo.

El programa del curso OPEN WATER DIVER fue el siguiente:

DíaMañanaTarde
1Presentación. Vídeos 1, 2 y 3
2Aguas confinadasTeoría 1, 2 y 3. Vídeos 4 y 5
3Inmersiones 1 y 2 (hasta 12 metros)Teoría 4 y 5. Examen final
4Inmersiones 3 y 4 (hasta 18 metros)Entrega de certificados

Así, el lunes llegamos a Ko Tao después de un largo viaje y ese mismo día por la tarde empezamos con la presentación del curso, a cargo de Eva. Nos entregó un libro con los contenidos teóricos y luego un DVD con vídeos explicativos de refuerzo, es parte del sistema de aprendizaje diseñado por la asociación PADI. Después de la primera clase no hubo tiempo para disfrutar de la playa, había que verse los vídeos enteritos como deberes para el día siguiente.

El martes por la mañana tocaba la sesión práctica en aguas confinadas, en la piscina.



Aquí nos estuvieron explicando todo el material que se necesita para el buceo y aprendimos a montar, comprobar, utilizar y desmontar el equipo. Hicimos unos pequeños ejercicios en la superficie de la piscina y a continuación en el fondo de la misma, con el propósito de habituarnos a respirar bajo el agua y a la sensación de flotabilidad. Una pausa para comer y a continuación primera clase teórica, con los 3 primeros capítulos de los 5 en los que se divide el curso. Tras la clase, tampoco hubo tiempo para el descanso, tuvimos que vernos los vídeos 4 y 5, aunque estábamos tan cansados que apenas pudimos mantenernos despiertos.

El miércoles por la mañana fue un día de nervios, a las 7 de la mañana teníamos que estar en pie para nuestra primera inmersión en aguas abiertas, en el mar.



Nos llevaron en lancha a alumnos e instructores hasta un barco de la escuela de buceo fondeado lejos de la costa.



Cargamos con nosotros todo el equipo de buceo salvo las botellas de aire (una de las cosas que aprendimos fue que ni se llaman bombonas, ni contienen sólo oxígeno), que ya estaban dispuestas en el barco. Junto al grupo de españoles formado por Eva (la instructora), Gerardo (un dive master que hacía prácticas para el examen de instructor) y Javi y yo (los alumnos), iban grupos de distintas nacionalidades. Los grupos de habla inglesa eran los más numerosos, así que tuvimos suerte de ser los únicos alumnos para el curso en español esa semana, eso nos garantizaba una atención individualizada.



Durante la viaje de ida hasta el punto de inmersión había que ir preparando el equipo. Teníamos para ello que echar mano de lo aprendido el día anterior. Por suerte los conceptos estaban bastante claros después de estudiarlos en clase, verlos en los vídeos y practicarlos en la piscina.



Nuestra instructora, Eva, más maja que las pesetas desde el momento en que la conocimos, cambiaba ahora el gesto y nos observaba seriamente mientras montábamos los componentes del equipo, supervisando que no hubiera ningún error en el montaje ni en la secuencia. Y es que no es para tomárselo a broma, uno se juega la vida cuando está allí abajo respirando a varios metros de profundidad. Durante todo el curso nos machacaron que la seguridad es el concepto más importante en la práctica del buceo.



Para cuando teníamos el equipo montado y ordenado, ya habíamos llegado al primer punto de inmersión: Mango Bay.





Antes de echarnos al agua tocaba hacer una sesión informativa o briefing, como lo llaman ellos, en la que se explica lo que se va a hacer una vez nos encontramos debajo del agua. Hasta que se invente algún día una forma de hablar bajo el agua es indispensable llevar a cabo esta reunión antes de cada inmersión. Así pues, Eva nos explicó que la primera inmersión era simplemente para habituarse al medio, distinto del de aguas confinadas, y para disfrutar dando una vuelta por el fondo viendo la fauna marina. Después del briefing, llegaba el momento de calzarse el neopreno y echarse al agua con el equipo a la espalda. Qué nervios, ¿verdad, Javi?



No olvidaré nunca esta primera inmersión y la sensación de respirar bajo el mar, de hecho nadie que haya buceado lo olvida jamás. La experiencia es muy distinta de bucear en la piscina o de hacer esnórquel, es una sensación extraña y novedosa. Fuimos bajando poco a poco hasta la profundidad máxima marcada para ese día, 12 metros, y después de comprobar que todo estaba "ok" y que no cundía el pánico por subir hacia la superficie y regresar a tierra firme cuanto antes, nos fuimos a dar una vuelta en grupo. Vimos muchos peces de colores, recuerdo peces payaso y bannerfish; peces ballesta, los más peligrosos de esas aguas; rayas ocultas bajo rocas y coral blando de árbol de navidad que se escondía tímidamente al acercar la mano. Un mundo fantástico. Eva nos puso una única norma con respecto a los seres del fondo marino, se mira pero no se toca.



La primera inmersión duró tan sólo 28 minutos y yo salí con el tanque de aire en las últimas. La falta de costumbre de respirar por el regulador y los nervios de mi primera experiencia bajo el agua hicieron que mi ritmo de respiración fuera más rápido de lo habitual. Javi, como buen canario, es un hombre tranquilo, así que su tanque estaba aún por la mitad.

La segunda inmersión fue en el punto White Rock y esta vez sí que hicimos algunos ejercicios bajo el agua, como quitarnos y recuperar el regulador de aire, respirar de la fuente de aire alternativa del compañero y limpiar la máscara con agua dentro.



En ambas inmersiones, al subir también hicimos ejercicios en la superficie, como arrastrar a un buceador cansado, ayudar a quitar un calambre en la pierna, quitarse el chaleco y volvérselo a poner, etc. Todo bajo la atenta mirada de nuestra instructora.



Ese mismo día por la tarde tuvimos la clase de teoría de los capítulos 3 y 4 con Sebastián y aprendimos a utilizar la tabla PIR de cálculo de grupos de presión, un sistema que ayuda a bucear de forma segura. Al terminar hicimos el examen teórico y lo aprobamos, así que esa noche había que celebrarlo, aunque con moderación... Ko Tao por desgracia es una isla pequeña así que nuestros instructores rondaban también por allí de noche y nos vigilaban para que no nos pasásemos con el alcohol, o al día siguiente lo lamentaríamos, jajaja.



El jueves, último día del curso, hicimos nuestra tercera inmersión en el punto Twins y nuestra cuarta inmersión en White Rock. Estas inmersiones fueron algo más complejas que las del día anterior y tuvimos que hacer varios ejercicios bajo el agua, como orientarnos con una brújula, quitarnos la máscara por completo y demostrar el control de la flotabilidad con la respiración simplemente. Todo ello a una profundidad máxima de 18 metros. Por último, hacer una simulación de ascenso de emergencia controlado nadando; una sensación bastante angustiosa esa de quedarte sin aire y al llegar a la superficie tener encima que hinchar el chaleco a bocanadas para mantenerte a flote. ¡Arf!

Después de eso, ¡objetivo cumplido!. Gritos de júbilo y emoción en la superficie del mar. Habíamos superado todas las pruebas teóricas y ejercicios bajo el agua así que ese día por la tarde recibiríamos nuestro carnet provisional que nos certificaría como buceadores PADI OPEN WATER. Después del almuerzo estuvimos celebrándolo con unas cervezas con nuestros instructores, Eva y Sebastián, y con Gerardo, que tras haber ayudado a nuestra formación afrontaría próximamente su examen de instructor.

Y no tuvimos tiempo para nada más. Apenas hubimos terminado con el papeleo del curso nos marchamos rápidamente para coger el ferry nocturno que nos llevaría a Surat Thani y de ahí a Krabi por carretera para volar a Singapur, nuestros siguiente destino. El vuelo salía 24 horas después de nuestra última inmersión, ya contábamos con que era necesario respetar ese plazo de espera, de esta forma evitaríamos problemas con el nitrógeno, causa de los accidentes de descompresión.

Para terminar, me gustaría dar las gracias a Eva y Sebastián por ser unos instructores tan formidables. Desde aquí me gustaría recomendar a todos aquellos que quieran sacarse una certificación PADI en Ko Tao, Tailandia, que os pongáis en contacto con ellos a través de su página web o su página en Facebook. Si reserváis con ellos con antelación, además de poder disfrutar de una enseñanza de calidad en español, tendréis acceso a ventajas como alojamiento básico incluido en el resort Ban's.

Ya puedo empezar a planear mis próximas vacaciones por el sudeste asiático en algún destino en el que pueda hacer buceo. ¿Alguien dijo barcos hundidos? :-)

lunes, 21 de marzo de 2011

La odisea de entrar y salir de Ko Tao

Habíamos llegado a Tailandia un viernes y después de pasar un día haciendo turismo por Bangkok, a última hora del fin de semana iniciamos nuestra particular odisea hacia isla tortuga, Ko Tao.



Ko Tao, una pequeña isla en el golfo de Tailandia al norte de las mundialmente aclamadas Ko Samui y Ko Pha Ngan (por motivos bien opuestos cada una de ellas), no era sino la razón principal de nuestro paso por Tailandia. Javi y yo nos habíamos propuesto sacarnos el título de PADI OPEN WATER de submarinismo, y cumplir así un sueño que perseguíamos desde hace años. Tras darle muchas vueltas al dónde y al cuando, y con ayuda de nuestro buen amigo Andrés, compañero becario ICEX en la oficina comercial de Bangkok, decidimos que el mejor lugar para obtener la licencia de PADI era Ko Tao. Elegir el destino y situarlo en el mapa era sencillo, llegar hasta allí no tanto.



Estudiamos varias combinaciones para llegar desde Bangkok, bien volando a Surat Thani (baolau.com/s/Bangkok/Surat-Thani) o a Ko Samui (baolau.com/s/Bangkok/Koh-Samui) y de ahí en ferry a la pequeña isla; o por tierra hasta Chumphon (baolau.com/s/Bangkok/Chumphon), el punto geográficamente más cercano a Ko Tao en tierra firme, y allí coger un barco. Nos decidimos por esta última opción porque implicaba un factor interesante, el tren.



Viajar en tren por el sudeste asiático significa vivir anécdotas y aventuras, así que en lugar de tomarnos la paliza de viaje hasta Ko Tao como un engorroso trámite decidimos convertirlo en una experiencia. A veces lo más excitante de un viaje es recorrer el camino, no llegar al destino. No obstante, tampoco era cuestión de presentarnos en la estación de Bangkok con las manos vacías, así que intentamos reservar con antelación los billetes por internet a través de una agencia. Por aquel entonces, las agencias te envíaban el billete físico al hotel en Bangkok. Hoy en día se puede reservar fácilmente a través de plataformas online como Baolau y recibir el billete electrónico por email, que solo hace falta imprimir y sirve como tarjeta de embarque.



Ya con los billetes en la mano, el domingo por la tarde estábamos en la estación de tren de Bangkok puntuales para coger el tren de las 19:30h.



El tren era un enorme cacharro de metal con aire antiguo que le da daba cierto encanto. Al ser un tren nocturno incluía literas, pero estas no se abrían hasta después por la noche. Cuando llegamos estaban montados sólo los asientos así que nos sentamos y nos relajamos mientras el tren partía de Bangkok rumbo al sur hablando con dos chinos que curiosamente iban hasta Surat Thani.



A las dos horas de haber arrancado, pasaron unos señores y montaron las literas. Nos dieron todo lo necesario, el colchón, las sábanas, la almohada, una cortina y hasta una manta. El vagón en el que viajábamos no tenía aire acondicionado, sino ventiladores. No fue cuestión de ahorrarnos unos míseros bahts, sino que Javi y yo teníamos el presentimiento de que como en cualquier otro medio de transporte del sudeste asiático pondrían el aire acondicionado a tope de frío y decidimos que era mejor pasar calor que agarrar un resfriado. La litera era menos incómoda de lo que esperaba y con el traqueteo de las vías rápidamente pude conciliar el sueño.



Estaba yo durmiendo cuando sobrevino la tragedia. Me desperté sobresaltado a las 3:30 de la mañana, no había traqueteo, el tren se encontraba detenido. Se suponía que sobre esa hora llegaríamos a Chumphon. Fue entonces cuando recordé la conversación con los dos chinos y me di cuenta de que nuestro tren no llegaba hasta Chumphon sino ¡mucho más al sur de Tailandia, Surat Thani!. ¿Quién sabe si alguien nos avisaría cuando hubiéramos llegado a Chumphon y tuviéramos que bajarnos? Pensé en Japón, aquel tren no tenía pinta de tener una señorita que anunciase aquello de "Mamonaku..."

Desperté a Javi rápidamente y mientras el resto de los pasajeros del vagón dormían detrás de sus cortinas salí corriendo con la mochila a la espalda. Abrí la puerta del vagón y me asomé esperando encontrar el andén de una estación, pero el tren estaba parado en mitad de ninguna parte, rodeados por la oscuridad de la noche. Intenté pasar al vagón contiguo para buscar al revisor y preguntarle pero la puerta estaba bloqueada. Así que volví a mi litera y mientras Javi y yo discutíamos sobre si el tren habría pasado ya a esas alturas por Chumphon sin que nos hubiésemos dado cuenta por el otro extremo del vagón apareció el revisor. Le preguntamos y nos dijo que aún quedaba mucho hasta llegar a Chumphon, ¡unas dos horas, tócate las narices con los horarios! Le preguntamos al tipo si nos avisarían cuando llegáramos y este asintió. Así que tras el pequeño susto, volvimos a dormir hasta que el tren llegó a Chumphon a las 5 de la mañana. Una vez en la estación, el revisor pasó por los vagones soltando a grito pelado ¡Chumphon, Chumphon! y la mitad de los pasajeros del tren nos bajamos.



En la estación enseñamos nuestros resguardos de billetes de ferry a Ko Tao a unos tipos que había allí esperando en el andén y nos pusieron una pegatina. Luego nos dijeron que esperáramos mientras llegaban otros grupos de occidentales. Cuando ya estábamos todos, nos llevaron hasta un autobús que nos dejaría en el puerto de Chumphon.



Ya en el puerto, la imagen del embarcadero de madera al amanecer nos recordó que faltaba poco para llegar al paraíso tropical. Nos pusieron otra pegatina que decía Ko Tao y entregaron otras a aquellos turistas con destino Ko Pha Ngan y Ko Samui. Montamos todos en el mismo ferry, que era un barco rápido.



En una hora y media aproximadamente llegamos a Ko Tao, el barco continuaría hacia el sur para llegar a las otras dos islas. En el puerto nos estaba esperando una camioneta pick-up para llevarnos al resort donde habíamos contratado el curso PADI. Llegamos el lunes por la mañana y nos marchábamos el jueves por la noche, teníamos el tiempo justo para hacer el curso de submarinismo, quizás fuimos demasiado apurados. Entre las clases de teoría y las prácticas de inmersión apenas tuvimos un momento de descanso para tirarnos en la playa o recorrer la isla, aún así Ko Tao nos pareció un sitio bonito y apacible donde pasar las vacaciones.



El jueves al mediodía terminamos el curso y por la tarde nos marchamos. Nos fuimos con la sensación de que podíamos haber alargado nuestra estancia en aquella maravillosa isla uno o dos días más, pero Singapur nos esperaba para pasar el fin de semana y teníamos por delante otra odisea de 24 horas para salir de la isla por un camino diferente.



En el puerto de Ko Tao cogimos un ferry nocturno de 8 horas hasta Surat Thani, fue una travesía horrible con el mar embravecido. Tras salir mareados de aquel ferry de la muerte pillamos un autobús en Surat Thani para llegar hasta Krabi Town, a unas 3 horas de distancia, y de ahí en taxi al aeropuerto. Un día entero después, el viernes por la tarde, llegábamos a Singapur completamente inmolados por el largo viaje pero con ganas de celebrar por todo lo alto que habíamos cumplido nuestro sueño y ya teníamos la certificación PADI.