sábado, 26 de marzo de 2011

Noches por todo lo alto en Singapur

Continuando con la crónica de mi viaje en Marzo por el sudeste asiático hoy toca contar lo que aconteció después de pasar por Ko Tao, Tailandia para hacer el curso de submarinismo. Javi y yo habíamos conseguido por fin la ansiada certificación de buceo y había que celebrarlo, así que reservamos el fin de semana para pasarlo en Singapur invitado por nuestro gran amigo Mike, compañero de beca ICEX. Ah, la agitada Singapur, qué agradable es volver de nuevo, sentir que me recibe con los brazos abiertos siempre que voy dispuesto a dejarme los dineros desparramando por la noche. Esta no era una excepción y venía con compañía, el fin de semana prometía ser legendario.



El viernes nada más aterrizar en Changi fuimos directos a casa de Mike y este nos recogió en la estación. Momento de sonrisas y abrazos, reminiscencias de aquellos míticos reencuentros de nuestra anterior vida ICEX, mientras haya amistad nunca pasarán de moda. Como veníamos con hambre nos llevó de cena y mientras tomábamos unas Tiger y una buena ración de morning glory nos pusimos al día. Después fuimos al piso de Mike y allí nos estaba esperando Dani, el otro genio y figura. Había pasado justamente un año desde que fuera con estos dos a liarla a Filipinas y era ya la segunda vez que me invitaban a pasar unos días en su casa en Singapur.

Tomamos unas copas en casa y después salimos por Clarke Quay. Recuerdo poco o nada de esa noche, jajaja... justo lo que quería.

Al día siguiente, sábado, nos levantamos super tarde (salir de fiesta tras un viaje de 24 horas no le deja el cuerpo bien a nadie) y pasamos la tarde en la piscina del condominio. Después de comprobar cómo viven los expatriados en Singapur a uno le da la impresión de que vivir en Tokio es un atraso. Yo ya he dicho que si tengo la oportunidad aquí en Japón no me quedo, en el sur se vive mejor (por supuesto que el clima ayuda).



Cuando estaba atardeciendo salimos a hacer algo de turismo por la ciudad y fuimos hasta el centro para visitar el recientemente inaugurado hotel-casino Marina Bay Sands.



La anterior vez que pasé por Singapur todavía no se encontraba acabado, así que me quedé sin subir a la plataforma elevada abierta al aire libre, el Sands SkyPark.





Desde arriba las vistas no decepcionan, especialmente de noche. A un lado Marina Bay, con el Singapore Flyer iluminado.



Al otro lado el distrito de Riverside, con los rascacielos de Raffles dominando el skyline.



El mirador del Sands SkyPark da la vuelta a la plataforma por uno de sus extremos, así que por todos lados había gente pegada al cristal sacando panorámicas nocturnas de Singapur para llevarse de recuerdo.



En el centro de la terraza está el restaurante KU DÉ TA, uno de los iconos culinarios más distintivos de Asia.



Javi y yo estábamos de celebración, así que esa noche decidimos tirar la casa por la ventana y entrar a cenar. Tuvimos suerte de pillar mesa ya que íbamos sin reserva ni historias.



KU DÉ TA es un restaurante de cocina asiática moderna, inspirada por los viajes de su chef desde el norte al sudeste de Asia. Para empezar pedimos sashimi de salmón ligeramente pasado por la plancha, de forma que por fuera estaba un poco hecho pero por dentro conservaba la esencia del sashimi y se te derretía en la boca.



De segundo un filete de atún en su punto medio-hecho con verduras, unos pinchos de teriyaki y unos chipirones fritos crujientes.



Todo estaba delicioso y para nuestra sorpresa tampoco salió tan caro (para tratarse de un restaurante tan famoso, me refiero), 46 € por persona.

Junto al restaurante está la impresionante piscina, para uso exclusivo de los clientes del hotel. Nadar a 200 metros de altura con la ciudad entera frente a ti tiene que ser una experiencia única. Quizás algún día cuando sea rico, jajaja.



Después de la experiencia en Marina Bay Sands regresamos a casa para quedar con Mike y salir de marcha. Esa noche Dani se había pirado de viaje así que éramos 3 para ir de fiesta. No problem, pillamos un taxi y al centro.



El plan era empezar la noche haciendo botellón junto a la estatua del Merlion, ahí con estilo. Creo que la foto de abajo lo dice todo, jejeje, nunca he tenido mejores vistas en un botellón.



La botella la compré en el Duty-Free del aeropuerto, al fin me acordé de hacer compras después de aterrizar. Siempre me despisto y una vez dentro de Singapur el alcohol sale muy caro por los impuestos. Tras terminarnos la botella apareció la novia de Mike con una amiga de la jet-set singapurense que nos coló en la lista de uno de los locales chic de One Fullerton. Olé.



La noche siguió con igual de buen ritmo que el día anterior y por vez consecutiva regresamos a casa a las tantas, después de pasar por mil y un sitios: una discoteca repleta de chinas finas, un club de estilo barroco en un hotel, un antro de perversión abierto a última hora de la noche... y el clásico desayuno del McDonalds.

El día siguiente Javi regresaba a Hong Kong. Tras los dos fines de semana de desfase en Bangkok y en Singapur y los días de playa en Ko Tao volvía el tío a casa con una sonrisa de oreja a oreja, necesitaba esas vacaciones. Mi plan de viaje original incluía abandonar Singapur ese día también para quedar con Jago en Kuala Lumpur, Malasia. Sin embargo, el ajetreo en las últimas semanas había sido muy intenso; primero Vietnam, luego Tailandia y después Singapur, sentía que necesitaba parar quieto un rato. Aparte, por entonces no sabía si el viaje tendría que alargarse unas cuantas semanas por el desastre del terremoto de Tohoku en Japón, así que quise ver bien cómo evolucionaba la situación y estudiar mis alternativas. Decidí quedarme por tanto unos días más en Singapur.



Pasado el fin de semana, salí a recorrer el centro de la ciudad. Lo he visitado ya más veces pero me gusta pasear y disfrutar de la solana ecuatorial.







Me acerqué de nuevo hasta el Marina Bay Sands para verlo de día en todo su esplendor.





Lo cierto es que no deja indiferente a nadie, o te encanta o te parece la mayor horterada del mundo, aunque, digan lo que digan, el concepto es una maravilla de la arquitectura moderna.



Por la tarde quedé con Dani, que ya había regresado de su viaje, y quiso llevarme a un sitio muy molón: la terraza de bar más alta del mundo, el 1-Altitude.



Está situado en el piso 61-63 del rascacielos One Raffles Place, en pleno distrito financiero, a 282 metros del suelo. Eso lo sitúa por encima incluso del Sands SkyPark y del Swissôtel, al que subí la anterior vez que pasé por Singapur.







El bar 282 en la planta 61 no sale especialmente caro y si se pide una consumición se puede acceder a la terraza en la planta 63. De otra forma es necesario pagar entrada, tomad nota del truco. Aún así, yo la hubiera pagado bien a gusto porque las vistas son de infarto, especialmente durante la puesta de sol.





Cuando anochece el sol se esconde y la ciudad se ilumina, es agradable tomarse una copa mientras cambia el tono del paisaje urbano. Desde luego que el sitio me sorprendió y doy gracias a Dani por descubrírmelo. Lo recomendaría como uno de los puntos de obligada visita de la ciudad. Si es posible, acudir durante el atardecer y esperar a que caiga la noche.





Poco más que añadir, mi experiencia en Singapur estaba cumpliendo todas las expectativas. Me queda por contar lo que hice los otros dos días que pasé en esta jungla de asfalto, que parece que te atrapa ya que es al mismo tiempo ciudad y estado, ¿conseguiría no caer en el aburrimiento? Lo veremos en el próximo capítulo.



Muchas gracias a Mike y a Dani, como siempre fue un placer ir de visita.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Curso de buceo PADI OPEN WATER en Ko Tao

Llevo AÑOS queriendo escribir esta entrada.

Por fin tengo la certificación de buceo PADI OPEN WATER.


Conseguirlo no ha sido ninguna gran hazaña, sólo es cuestión de tener tiempo y ponerse con ello, pero ya sea en el caribe o en el sudeste asiático. ir con este título es una gran ventaja ya que te permite acceder a un mundo fantástico, el mundo submarino.



Yo que he sido toda mi vida de interior descubrí esto allá por 2007, cuando llegué a Asia por primera vez y comencé a viajar por los países del sudeste. Tioman en Malasia, Gili Trawangan cerca de Bali en Indonesia, más tarde Boracay y Palawan en Filipinas, fueron todos maravillosos destinos de playas de arena blanca y aguas transparentes repletas de abundante vida marina. Pero sin nociones básicas de submarinismo ni tiempo suficiente para hacer el curso, lo único que podía hacer era enfundarme unas gafas con tubo y un par de aletas para hacer esnórquel. La profundidad de buceo dependía entonces de la capacidad de mis pulmones y la sensación que me quedaba al final era la de que me habían puesto la miel en los labios, un quiero y no puedo.



Así que cuando en 2010 regresé de nuevo para vivir en Asia, lo primero que pensé fue en escaparme al sudeste asiático de vacaciones el número mínimo de días para sacarme de una vez por todas la certificación PADI OPEN WATER. Esta certificación es una de las básicas dentro del programa de certificaciones de buceo recreativo que ofrece la asociación PADI y la que te introduce de forma completa en este estilo de vida, como les gusta llamarlo a ellos.



Ya estaba decidido, sólo faltaba buscarme un compañero de aventuras. Mi amigo Javi se apuntó al lío sin dudarlo un momento, creo que tenía las mismas ganas que yo de conseguir por fin la ansiada certificación, jejeje. Viviendo en Hong Kong le queda todo a tiro de piedra...



Elegir el lugar más indicado para hacer el curso parecía en cambio más complicado, había tantas opciones. Nuestro amigo Andrés nos echó una mano con esto. Considerando únicamente Tailandia y Malasia teníamos las islas en el Mar de Andamán (Ko Phi Phi, las islas Surin, el archipiélago Langkawi, Pulau Pangkor) y las islas del golfo de Tailandia (Ko Tao y Ko Samui, Pulau Perhentian). Por pedir que no quede, incluimos Pulau Sipadan, una de las más aclamadas del mundo, aunque quizás pilla un poco lejos en el mar de Célebes.



Al final nos decidimos por Ko Tao, al este de Tailandia. Fue por una razón muy simple, es el lugar donde se expiden más licencias PADI del mundo. Eso significa unos precios muy competitivos y unos niveles altos de calidad en la formación. Encontrar el resort más conveniente no supuso problema gracias a internet. Después de leer excelentes críticas en otros blogs de viajeros, nos pusimos en contacto con Eva y Sebastián de viajarybuceo (página web, página en Facebook) y en pocos días ya teníamos la reserva del curso de 4 días en Ban's, uno de los resorts más populares de Ko Tao y con reconocido prestigio en el mundo de la enseñanza del buceo.

El programa del curso OPEN WATER DIVER fue el siguiente:

DíaMañanaTarde
1Presentación. Vídeos 1, 2 y 3
2Aguas confinadasTeoría 1, 2 y 3. Vídeos 4 y 5
3Inmersiones 1 y 2 (hasta 12 metros)Teoría 4 y 5. Examen final
4Inmersiones 3 y 4 (hasta 18 metros)Entrega de certificados

Así, el lunes llegamos a Ko Tao después de un largo viaje y ese mismo día por la tarde empezamos con la presentación del curso, a cargo de Eva. Nos entregó un libro con los contenidos teóricos y luego un DVD con vídeos explicativos de refuerzo, es parte del sistema de aprendizaje diseñado por la asociación PADI. Después de la primera clase no hubo tiempo para disfrutar de la playa, había que verse los vídeos enteritos como deberes para el día siguiente.

El martes por la mañana tocaba la sesión práctica en aguas confinadas, en la piscina.



Aquí nos estuvieron explicando todo el material que se necesita para el buceo y aprendimos a montar, comprobar, utilizar y desmontar el equipo. Hicimos unos pequeños ejercicios en la superficie de la piscina y a continuación en el fondo de la misma, con el propósito de habituarnos a respirar bajo el agua y a la sensación de flotabilidad. Una pausa para comer y a continuación primera clase teórica, con los 3 primeros capítulos de los 5 en los que se divide el curso. Tras la clase, tampoco hubo tiempo para el descanso, tuvimos que vernos los vídeos 4 y 5, aunque estábamos tan cansados que apenas pudimos mantenernos despiertos.

El miércoles por la mañana fue un día de nervios, a las 7 de la mañana teníamos que estar en pie para nuestra primera inmersión en aguas abiertas, en el mar.



Nos llevaron en lancha a alumnos e instructores hasta un barco de la escuela de buceo fondeado lejos de la costa.



Cargamos con nosotros todo el equipo de buceo salvo las botellas de aire (una de las cosas que aprendimos fue que ni se llaman bombonas, ni contienen sólo oxígeno), que ya estaban dispuestas en el barco. Junto al grupo de españoles formado por Eva (la instructora), Gerardo (un dive master que hacía prácticas para el examen de instructor) y Javi y yo (los alumnos), iban grupos de distintas nacionalidades. Los grupos de habla inglesa eran los más numerosos, así que tuvimos suerte de ser los únicos alumnos para el curso en español esa semana, eso nos garantizaba una atención individualizada.



Durante la viaje de ida hasta el punto de inmersión había que ir preparando el equipo. Teníamos para ello que echar mano de lo aprendido el día anterior. Por suerte los conceptos estaban bastante claros después de estudiarlos en clase, verlos en los vídeos y practicarlos en la piscina.



Nuestra instructora, Eva, más maja que las pesetas desde el momento en que la conocimos, cambiaba ahora el gesto y nos observaba seriamente mientras montábamos los componentes del equipo, supervisando que no hubiera ningún error en el montaje ni en la secuencia. Y es que no es para tomárselo a broma, uno se juega la vida cuando está allí abajo respirando a varios metros de profundidad. Durante todo el curso nos machacaron que la seguridad es el concepto más importante en la práctica del buceo.



Para cuando teníamos el equipo montado y ordenado, ya habíamos llegado al primer punto de inmersión: Mango Bay.





Antes de echarnos al agua tocaba hacer una sesión informativa o briefing, como lo llaman ellos, en la que se explica lo que se va a hacer una vez nos encontramos debajo del agua. Hasta que se invente algún día una forma de hablar bajo el agua es indispensable llevar a cabo esta reunión antes de cada inmersión. Así pues, Eva nos explicó que la primera inmersión era simplemente para habituarse al medio, distinto del de aguas confinadas, y para disfrutar dando una vuelta por el fondo viendo la fauna marina. Después del briefing, llegaba el momento de calzarse el neopreno y echarse al agua con el equipo a la espalda. Qué nervios, ¿verdad, Javi?



No olvidaré nunca esta primera inmersión y la sensación de respirar bajo el mar, de hecho nadie que haya buceado lo olvida jamás. La experiencia es muy distinta de bucear en la piscina o de hacer esnórquel, es una sensación extraña y novedosa. Fuimos bajando poco a poco hasta la profundidad máxima marcada para ese día, 12 metros, y después de comprobar que todo estaba "ok" y que no cundía el pánico por subir hacia la superficie y regresar a tierra firme cuanto antes, nos fuimos a dar una vuelta en grupo. Vimos muchos peces de colores, recuerdo peces payaso y bannerfish; peces ballesta, los más peligrosos de esas aguas; rayas ocultas bajo rocas y coral blando de árbol de navidad que se escondía tímidamente al acercar la mano. Un mundo fantástico. Eva nos puso una única norma con respecto a los seres del fondo marino, se mira pero no se toca.



La primera inmersión duró tan sólo 28 minutos y yo salí con el tanque de aire en las últimas. La falta de costumbre de respirar por el regulador y los nervios de mi primera experiencia bajo el agua hicieron que mi ritmo de respiración fuera más rápido de lo habitual. Javi, como buen canario, es un hombre tranquilo, así que su tanque estaba aún por la mitad.

La segunda inmersión fue en el punto White Rock y esta vez sí que hicimos algunos ejercicios bajo el agua, como quitarnos y recuperar el regulador de aire, respirar de la fuente de aire alternativa del compañero y limpiar la máscara con agua dentro.



En ambas inmersiones, al subir también hicimos ejercicios en la superficie, como arrastrar a un buceador cansado, ayudar a quitar un calambre en la pierna, quitarse el chaleco y volvérselo a poner, etc. Todo bajo la atenta mirada de nuestra instructora.



Ese mismo día por la tarde tuvimos la clase de teoría de los capítulos 3 y 4 con Sebastián y aprendimos a utilizar la tabla PIR de cálculo de grupos de presión, un sistema que ayuda a bucear de forma segura. Al terminar hicimos el examen teórico y lo aprobamos, así que esa noche había que celebrarlo, aunque con moderación... Ko Tao por desgracia es una isla pequeña así que nuestros instructores rondaban también por allí de noche y nos vigilaban para que no nos pasásemos con el alcohol, o al día siguiente lo lamentaríamos, jajaja.



El jueves, último día del curso, hicimos nuestra tercera inmersión en el punto Twins y nuestra cuarta inmersión en White Rock. Estas inmersiones fueron algo más complejas que las del día anterior y tuvimos que hacer varios ejercicios bajo el agua, como orientarnos con una brújula, quitarnos la máscara por completo y demostrar el control de la flotabilidad con la respiración simplemente. Todo ello a una profundidad máxima de 18 metros. Por último, hacer una simulación de ascenso de emergencia controlado nadando; una sensación bastante angustiosa esa de quedarte sin aire y al llegar a la superficie tener encima que hinchar el chaleco a bocanadas para mantenerte a flote. ¡Arf!

Después de eso, ¡objetivo cumplido!. Gritos de júbilo y emoción en la superficie del mar. Habíamos superado todas las pruebas teóricas y ejercicios bajo el agua así que ese día por la tarde recibiríamos nuestro carnet provisional que nos certificaría como buceadores PADI OPEN WATER. Después del almuerzo estuvimos celebrándolo con unas cervezas con nuestros instructores, Eva y Sebastián, y con Gerardo, que tras haber ayudado a nuestra formación afrontaría próximamente su examen de instructor.

Y no tuvimos tiempo para nada más. Apenas hubimos terminado con el papeleo del curso nos marchamos rápidamente para coger el ferry nocturno que nos llevaría a Surat Thani y de ahí a Krabi por carretera para volar a Singapur, nuestros siguiente destino. El vuelo salía 24 horas después de nuestra última inmersión, ya contábamos con que era necesario respetar ese plazo de espera, de esta forma evitaríamos problemas con el nitrógeno, causa de los accidentes de descompresión.

Para terminar, me gustaría dar las gracias a Eva y Sebastián por ser unos instructores tan formidables. Desde aquí me gustaría recomendar a todos aquellos que quieran sacarse una certificación PADI en Ko Tao, Tailandia, que os pongáis en contacto con ellos a través de su página web o su página en Facebook. Si reserváis con ellos con antelación, además de poder disfrutar de una enseñanza de calidad en español, tendréis acceso a ventajas como alojamiento básico incluido en el resort Ban's.

Ya puedo empezar a planear mis próximas vacaciones por el sudeste asiático en algún destino en el que pueda hacer buceo. ¿Alguien dijo barcos hundidos? :-)