jueves, 15 de marzo de 2012

Yogyakarta - Borobudur, Prambanan

Como viene siendo habitual estos últimos años, durante el mes de marzo, coincidiendo con las vacaciones de primavera en Japón, he puesto rumbo al sudeste asiático. El viaje del año pasado incluyó países como Tailandia, Vietnam y Singapur, y hace dos años fue Filipinas, así que en esta ocasión tocaba visitar un destino diferente: Indonesia. La primera vez que crucé la línea del Ecuador en Asia fue allá en 2008, camino de Bali y las islas Gili. Ya entonces pensé que Indonesia era un país de gran potencial viajero al que tendría dedicar muchas escapadas. No esperaba sin embargo que tuvieran que pasar más de 3 años hasta que pudiera regresar para ver otros lugares.

Arranca el viaje por Indonesia. La primera parada fue Yogyakarta, en el centro de la isla de Java. La verdad es que la ciudad no tiene mucho de interesante, como muchas otras del sudeste asiático resultó ser una sucia y caótica jungla de asfalto. No obstante, es la puerta de acceso a dos importantes monumentos Patrimonio de la Humanidad de Indonesia: Borobudur y Prambanan. No quedó otra que pasar allí un par de noches.




Borobudur
Borobudur es un templo budista localizado a 40 km al noroeste de Yogyakarta. Hablamos nada menos que del monumento budista más grande del mundo. Se piensa que su nombre puede derivar del sánscrito "Vihara Buddha Ur", que se traduce como "templo budista en la montaña".



No hay evidencia escrita de quién ordenó construir Borobudur y con qué propósito, pero se piensa que fue un importante centro de peregrinación budista. El periodo de construcción se estima entre los siglos VIII y IX, comparando las inscripciones halladas y los relieves esculpidos en la base del templo. Corresponde por tanto al periodo de apogeo de la dinastía Sailendra en Java Central, entre los años 760 y 830, cuando estuvo bajo la influencia del imperio Srivijaya.



La evidencia sugiere que Borobudur fue abandonado tras el siglo XIV, con el ocaso de los reinos budistas e hindúes en Java y la conversión de los habitantes de la isla al Islam. Durante siglos Borobudur estuvo cubierto por capas de ceniza volcánica y vegetación. Se especula sobre si una fuerte erupción volcánica pudo obligar a los habitantes de alrededor a abandonar por completo estas tierras. El caso es que tras su abandono, lejos de caer en el olvido, la memoria del monumento perduró como la imagen de un lugar maldito y durante mucho tiempo circuló una leyenda supersticiosa que asociaba el templo con la muerte y la mala suerte para aquellos que osaran acercarse a él.



No fue hasta 1814 cuando Borobudur fue redescubierto al mundo por Sir Thomas Stamford Raffles, gobernador británico de Java y posterior fundador de Singapur. Este estaba muy interesado en la historia de Java, se dedicaba a coleccionar antigüedades y organizaba expediciones con guías nativos. Se cuenta que durante un viaje a Semarang en 1814 le hablaron sobre un gran monumento ubicado en la jungla cercana a la aldea de Bumisegoro. Envió allí al ingeniero holandés H.C. Cornellius para que investigara el lugar. Durante dos meses, Cornellius y sus hombres cortaron árboles, quemaron vegetación y excavaron la tierra hasta conseguir despejar el monumento.



Una vez desenterrado, el ingeniero holandés reportó sus descubrimientos a Raffles, incluyendo varios bocetos, y este anunció al mundo el increible hallazgo, aunque no obtuvo la repercusión que merecía porque la comunidad arqueológica europea estaba por aquel entonces obsesionada con el Antiguo Egipto, que por otro lado quedaba mucho más cerca geográficamente.



Posteriormente a su descubrimiento, el gobierno de Java cayó en manos de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, que asignó a varios arqueólogos la tarea de desentrañar los misterios del monumento y llevar a cabo estudios para mejorar su estado de conservación. El proceso de restauración del templo se desarrolló lentamente. El esfuerzo final fue llevado a cabo entre 1975 y 1982 por el Gobierno de Indonesia y la UNESCO, tras lo cual el monumento fue nombrado Patrimonio de la Humanidad.



Sobre el significado del monumento, poco se sabe más allá de que fuera un santuario budista. Borobudur está construido como una gran estupa con silueta piramidal. La base es un cuadrado de 123 metros por lado. Tiene nueve plataformas, cada una de las cuales se supone que representa un estado de iluminación. Las seis inferiores poseen forma cuadrada y las restantes superiores son circulares. De esta manera, cuando es visto en horizontal desde arriba toma claramente la forma de un mándala, representación simbólica de la cosmología budista (el espacio sagrado, o centro del universo, se representa como un círculo inscrito dentro de una forma cuadrangular).



La estructura vertical se puede dividir en tres secciones, simbolizando las tres etapas de preparación mental para alcanzar la meta final según la cosmología budista. Kamadhatu (el mundo de los deseos) es representado por la base, Rupadhatu (el mundo de las formas) es representado por las cinco plataformas cuadradas y finalmente Arupadhatu (el mundo sin formas) es representado por las plataformas circulares y la estupa principal.



Las plataformas superiores contienen setenta y dos pequeñas estupas que rodean una estupa más grande en círculos concéntricos. Cada estupa tiene forma de campana perforada con agujeros.



Dentro de cada estupa pequeña hay una estatua de Buda sentada con las piernas cruzadas en posición de flor de loto. Se supone que dentro de la estupa central tenía que haberse descubierto una gran estatua de Buda pero esta se encuentra vacía. Se sabe que en 1842 el administrador holandés Hartmann supervisó la investigación de la cúpula principal, pero sus descubrimientos nunca llegaron a conocerse. El misterio, pues, sigue rodeando a Borobudur.



Lo que sí se descubrió fue que la pirámide estaba levantada sobre una colina natural, y que se necesitaron aproximadamente 55.000 m³ de piedras para construir el monumento. Las piedras fueron cortadas, transportadas y colocadas sin utilizar mortero. Se diseñaron hendiduras y protuberancias para poder ensamblar las piedras entre sí. Una impresionante obra de construcción que dice mucho de la civilización que poblaba la isla de Java en aquellos tiempos.



El diseño de Borobudur fue uno de los aspectos más complicados de descifrar. Aunque fue identificado en un principio como una estupa, su complejidad sugirió más tarde que la estructura era en realidad un templo y que el ascenso a la cima debía llevarse a cabo como un camino de peregrinación budista.



Así, los visitantes son guiados mediante un sistema de escaleras y corredores ascendiendo desde la base hacia las plataformas superiores.



Los relieves esculpidos una vez el monumento estuvo terminado indican el camino de ascenso. Borobudur tiene aproximadamente 2.670 bajorrelieves individuales (1.460 paneles narrativos y 1.212 decorativos), los cuales cubren la superficie de la fachada y balaustres. Están distribuidos en la base oculta, que contiene 160 relieves correspondientes a narraciones que describen el Kamadhatu, y las cinco plataformas cuadradas (Rupadhatu). La lectura de los paneles comienza por la entrada ubicada al lado este del monumento y se ajusta al pradaksina, el ritual budista de circunvalación realizado por los peregrinos que se mueven en sentido horario, dejando el santuario a su lado derecho.



Otra de las curiosidades del complejo es que está equipado con un sistema de drenaje para filtrar las precipitaciones, abundantes por esta zona del globo. Para evitar que las terrazas se inundaran de agua, se colocaron caños en cada esquina con forma decorativa de gárgolas.



Por extraño que pueda parecer, el mayor enemigo del monumento a lo largo de su historia no fueron los terremotos ni las frecuentes lluvias torrenciales. Fueron las erupciones volcánicas.



Borobudur está situado en el corazón de la llanura Kedu, un lugar tradicionalmente sagrado en la isla de Java por su fértil vegetación. La llanura se encuentra flanqueada por cuatro volcanes, el Monte Sumbing y el Monte Sundoro al oeste, y el Monte Merbabu y el Monte Merapi al este. Algunos de ellos forman parte de la lista de volcanes más activos del Cinturón de Fuego del Pacífico. Sin ir muy lejos, entre los meses de Octubre y Noviembre de 2010 el Monte Merapi entró en erupción y sus cenizas volcánicas cayeron sobre Borobudur, a una distancia de 28 km, llegando a cubrirlo por completo con una capa de 2.5 cm de grosor. El monumento tuvo que ser cerrado al público para poder limpiarlo de arriba a abajo.



Hace poco, la institución a cargo de Borobudur anunció que, con el objetivo de preservar el sitio, el número máximo de visitantes podría verse limitado en el futuro y estos deberían ir acompañados por un guía, lo que impediría la libre circulación por el monumento. Así pues, os animo a todos a ir lo antes posible.



Sobre qué momento del día es el mejor para visitar Borobudur, indiscutiblemente y sin lugar a dudas es al amanecer. El templo abre desde las 6 de la mañana, aunque el amanecer tiene lugar entre las 4:30 y las 5:30, así que aquellos que quieran ver salir el sol desde la cima de Borobudur deben apuntarse a la excursión organizada por el hotel Manohara, que sale a las 4:30. El precio de la excursión es de Rp 335.000 por persona, Rp 185.000 para aquellos que se hospeden en el hotel, lo cual es una opción muy a tener en cuenta ya que no hay muchos hoteles cerca de Borobudur. La principal oferta en alojamiento está en Yogyakarta, que queda a 40 minutos en taxi (Rp 200.000) por lo que toca madrugar bastante. Una alternativa interesante es hospedarse en Magelang, un pueblo a 15 minutos en taxi de Borobudur (Rp 50.000). Esta es la opción que yo consideré y sin duda la recomendaría ya que no hace falta madrugar demasiado y uno puede estar listo a las 6 en punto esperando como un clavo a que abran la puerta para llegar de los primeros a la cima. El precio de la entrada al complejo de Borobudur es de Rp 135.000.



Si bien es cierto que a las 6 de la mañana el sol ya ha amanecido, todavía se aprecia esa mágica bruma que al alba envuelve la jungla y a esas horas la temperatura aún es suave. Además, lo más importante es que uno puede disfrutar paseando tranquilamente por el monumento y tomando fotografías bien a gusto sin demasiada compañía. En mi opinión, más tarde de las 8 de la mañana no merece la pena ir ya que a esa hora acostumbran a llegar las hordas de estudiantes indonesos que causan un gran bullicio y la experiencia deja un tanto que desear. Por no hablar del calor, que empieza a ser sofocante.



En fin, pienso que si uno ha hecho el esfuerzo de recorrer miles de kilómetros para llegar a Indonesia, no tiene mucho sentido perderse el espectáculo que ofrece Borobudur al amanecer sólo por evitar pegarse un día el madrugón.


Prambanan
Prambanan es un conjunto de 240 templos hindúes dedicados a la Trímurti, término sánscrito que hace referencia a los tres dioses principales de la mitología hindú: Brahma (el Creador del universo), Visnú (el Conservador) y Shivá (el Destructor). Es el templo hindú más grande de Indonesia y uno de los más importantes del sudeste asiático. Está situado 17 km al noreste de Yogyakarta.



El complejo fue construido a lo largo del siglo IX bajo la dinastía Sanjaya del primer Reino de Mataram en la región de Java Central, se cree que como respuesta al templo budista de Borobudur construido por la dinastía rival Sailendra. Una inscripción fechada en el año 856 marca lo que es posiblemente su piedra fundacional. Coincidiendo con ese periodo se da en Java una serie de cambios de poder entre gobernadores hindúes y budistas, y durante esa época se construyeron muchos monumentos budistas alrededor de la llanura Kedu, incluyendo Borobudur, al mismo tiempo que el templo hindú de Prambanan. Los antropólogos creen sin embargo que la religión jamás supuso un conflicto serio en Java; por ejemplo, los matrimonios entre nobles budistas e hindúes eran habituales.



Prambanan cumplió su función como templo principal en el Reino de Mataram, celebrándose aquí la mayoría de ceremonias de estado religiosas y sacrificios en honor a las deidades hindúes. En el periodo de máximo esplendor del reinado se estima que cientos de brahmanas (miembros de la casta sacerdotal) ejercían su disciplina en el interior de los muros del complejo. Fue hacia 930 cuando el último rey de la dinastía Sanjaya trasladó la corte del reino del Centro al Este de Java, dando comienzo a la dinastía Isyana. Los historiadores justifican que este acontecimiento pudo deberse bien a una lucha de poder con el imperio Srivijaya; o bien a una potente erupción del Monte Merapi, al norte de Prambanan, en el año 929. Cualquiera que fuese la causa, el traslado de la corte real marcó el inicio del declive del templo. Una vez fue abandonado, el templo sucumbió a la acción de los terremotos y de los saqueadores y el lugar terminó por quedar prácticamente irreconocible hacia el siglo XVI.



Con el tiempo, los habitantes de los pueblos de alrededor conocían la existencia de las ruinas del templo, pero habían olvidado la historia del mismo y bajo qué reinado se había construido. Como resultado, los locales desarrollaron cuentos y leyendas que intentaban explicar el origen del templo, adornados con mitología popular.



El templo fue redescubierto en el año 1811, durante el corto mandato británico en las Indias Holandesas. Colin Mackenzie, un explorador al servicio de Sir Thomas Stamford Raffles encontró el templo por casualidad. Raflles dio a conocer el descubrimiento y consecuentemente encargó un estudio completo de las ruinas. Desafortunadamente, tras el cambio de gobierno colonial en la isla de Java en favor de los holandeses, el templo se mantuvo descuidado durante décadas.



La reconstrucción del complejo de Prambanan comenzó en 1918, y el proceso de restauración continúa hasta nuestros días. El edificio principal, el templo de Shivá, fue completado en 1953. Dado que gran parte de la piedra original había sido robada y reutilizada en la construcción de viviendas, la restauración de otros edificios se vio dificultada ya que en la mayoría quedaba menos del 75% de la mampostería original. Así, la mayoría de los santuarios pequeños alrededor de los edificios principales únicamente conserva los cimientos y no existen planes para su reconstrucción.



En la historia reciente, el templo resultó gravemente dañado durante el terremoto de mayo de 2006 en Java. Grandes bloques de piedra, incluyendo algunas tallas, fueron derribados y esparcidos en el suelo. El templo se cerró a los visitantes durante un tiempo hasta que se pudo hacer una evaluación completa. Como resultado, el interior de la mayoría de los templos permanece desde entonces fuera de los límites de acceso por razones de seguridad.



La arquitectura del templo de Prambanan sigue el Vastu Shastra, una antigua doctrina hinduista que reúne los distintos preceptos que deben respetarse a la hora de diseñar un construcciones humanas en concordancia con las leyes de la naturaleza. El diseño del templo incorporó las típicas torres altas con forma de aguja de los templos hindúes. Al igual que el templo jemer de Angkor Wat, otro de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo situado en Camboya, Prambanan fue originalmente fue diseñado para imitar el Monte Meru, la montaña sagrada de la morada de los dioses hindúes, y la casa de Shivá. El complejo del templo entero es un modelo del universo de acuerdo a la cosmología hindú.



El complejo consta de tres zonas. En primer lugar el recinto interior sagrado, que contiene los ocho templos principales: 3 templos Trimurti dedicados a Shivá, Visnú y Brahma; 3 templos Vájana dedicados a los vájana (montura con forma de animal) de cada uno de los dioses: el toro Nandi, el pájaro Garudá y el cisne Jamsá; 2 templos Apit ubicados entre las filas de los templos Trimurti y Vájana orientados hacia el norte y el sur; por último 4 santuarios Patok situados en las 4 esquinas y 4 santuarios Kelir ubicados en los 4 puntos cardinales en los límites de acceso a la zona interior. En segundo lugar, la zona media contiene 224 templos pequeños Pervara dispuestos en 4 filas de cuadrados concéntricos, de los que apenas se conservan unos pocos. En tercer lugar, la zona exterior, con una gran esplanada de hierba.



El templo está adornado con bajorrelieves que narran la historia épica hindú del Ramayana y el Krishnayana. Los paneles narrativos fueron esculpidos en la pared interior de la balaustrada alrededor de los tres templos principales. Los paneles se leen de izquierda a derecha. La historia comienza a partir de la entrada este, donde los visitantes deben girar a la izquierda y moverse en la dirección de las agujas del reloj, de acuerdo con el pradaksina. La historia del Ramayana se inicia en la balaustrada del templo de Shivá y continúa en el templo de Brahma. En las barandillas del templo de Visnú se representa el Krishnayana, la historia del avatar Krishna, encarnación del dios Visnú.



El bajorrelieve del Ramayana ilustra cómo Sita, la esposa de Rama, el príncipe heredero de Aiodhiá, es secuestrada por el gobernante de Lanka, el demoníaco Ravana. El rey mono Hanuman invoca a su ejército para ayudar a Rama y rescatar a Sita. Al final, Rama se enfrenta a Ravana y logra aniquilarle. Se supone que es un canto al triunfo del bien sobre el mal.





Se trata de una de las obras más importantes de la literatura antigua de la India. Pertenece al subgénero de la epopeya, y consta de 24.000 versos, divididos en 7 volúmenes. Se presume que fue compuesto aproximadamente en el siglo III a.C.





Una buena forma de conocer la historia es a través del Ballet de Ramayana, un espectáculo que puede verse en dos lugares de Yogyakarta. Por un lado, todas las noches de luna llena se celebra en un escenario al aire libre junto al templo de Prambanan; por otro, en el teatro Purawisata emplazado en Jalan Brigjen Katamso se lleva a cabo una actuación que presume de record tras venir repetiéndose cada noche de forma ininterrumpida desde 1976. Ambos están basados en la representación de danza centenaria del Ramayana original de la corte de Java. Preguntad en vuestro hotel en Yogyakarta y os ayudarán a hacer la reserva. Para mi fue una experiencia inolvidable.



El recinto de Prambanan abre desde las 6 de la mañana hasta las 18 de la tarde. Quizás una buena hora para visitar el templo es al atardecer, cuando se distingue recortada la afilada silueta de sus torres en forma aguja.



Para llegar hasta el templo se puede coger un taxi desde el centro de Yogyakarta por unas Rp 60.000. Se habla con el conductor para que nos espere a la salida durante una hora y nos lleve de vuelta por un precio total de Rp 120.000. También se puede ir en autobús urbano, tomando la ruta 1A que pasa por muchos puntos de la ciudad. El billete cuesta tan sólo Rp 3.000 y la frecuencia del servicio es cada 20 minutos, aunque tarda casi una hora en llegar hasta el templo en las afueras. La entrada a Prambanan cuesta Rp 115.000.



Borobudur y Prambanan son las principales atracciones culturales de Indonesia y recomendaría incluir su visita en cualquier viaje que se precie. No tenéis ninguna excusa, en este post encontraréis todos los detalles. Personalmente, os diré que viajaba con las expectativas muy altas y los dos lugares me dejaron maravillado.

lunes, 12 de marzo de 2012

Destination: Raja Ampat

Como cada primavera, pongo rumbo al sudeste asiático para no faltar a mi cita con las playas y los paisajes de karst.

Este año me propongo un destino más exótico que nunca. Me voy a Raja Ampat, Indonesia. Por el camino tendré ocasión de parar en Borobudur y Prambanan, dos auténticas joyas patrimonio de la humanidad que llevo tiempo queriendo visitar. Será un viaje completo.



¿Y qué se me ha perdido en Raja Ampat, diréis?

No exagero si os digo que Raja Ampat es uno de los últimos paraísos vírgenes del planeta. Por su riqueza de recursos naturales oceánicos está llamado a convertirse en un destino de gran potencial turístico. Así que hay que ir antes de que aquello se estropee. Me gustaría poder decirle a mis nietos que yo estuve allí cuando todavía no había resorts que no fueran los de los multimillonarios, cuando todavía no había servicios de ferry y la única forma de moverse era alquilandole una barca a un pescador, cuando no había restaurantes y uno tenía que pescar su propia comida, cuando no había cobertura de teléfonos móviles ni wifi y uno podía desconectar y perderse en el mar para encontrarse a sí mismo.

Así pues, en compañía de dos buenos amigos, Dani y Javi, pasaré una semana saltando de isla en isla y llegaré hasta la última frontera.

Además estamos de suerte, resulta que Raja Ampat es una de las mecas del submarinismo. Está en la lista de los diez mejores lugares del mundo para bucear, e indiscutiblemente dicen que es el número uno en cuanto a biodiversidad marina. La más alta registrada en la Tierra, de acuerdo con Conservación Internacional.

Comienza una nueva aventura.

domingo, 11 de marzo de 2012

11 de Marzo, 14:46h


Onagawa, prefectura de Miyagi, Japón

viernes, 9 de marzo de 2012

¿Por qué las pagodas de Japón no se caen con los terremotos?

En vísperas del aniversario del terremoto de Tōhoku me gustaría hablar sobre Japón y los terremotos. Como ya sabéis todos, Japón es un país con una alta actividad sísmica debido a su ubicación en el cinturón de fuego del Pacífico. Sólo en los últimos 15 años han tenido lugar más de 10 terremotos de magnitud 7.0 o superior. El del día 11 de marzo de 2011 fue el peor terremoto de la historia de Japón, y el cuarto más fuerte registrado en el mundo.

Si bien el tsunami ocasionó daños de severa consideración en la costa este de Japón, lo cierto es que el desastre podía haber sido aún mayor. Conviene recordar que a pesar de tratarse de un seísmo de magnitud 9,0, con una duración cercana a los 6 minutos, casi todos los edificios e infraestructuras del país resistieron en pie, y también aguantaron las contínuas réplicas que se sucedieron después. En Tokio, la capital, el seísmo registró una intensidad de hasta 5+ sobre 7 en la escala JMA. Como resultado, cero edificios se derrumbaron. Algunos pensarán que se trata de un milagro. En realidad, Japón es el país del mundo más preparado contra los terremotos, un logro que no se ha alcanzado durante los últimos años o durante las últimas décadas, sino que parte de siglos atrás.

Durante el primer año del master de Risk Engineering que estoy estudiando en Japón he tenido la oportunidad de cursar algunas asignaturas relacionadas con Riesgos Urbanos (都市リスク分野). Una de estas asignaturas, Urban Structural Systems (都市構造システム論), estaba orientada a comprender los riesgos urbanos debido a fenómenos naturales y accidentes graves, con el fin de mejorar la seguridad pública. Gracias a esta asignatura, he aprendido bastante sobre desastres naturales, particularmente terremotos y tsunamis, e ingeniería sísmica en Japón. Pienso que ha sido una de las asignaturas más interesantes del master, ya que me ha servido para comprender cómo afronta Japón los terremotos a lo largo de su historia y las lecciones aprendidas en los últimos grandes terremotos, el de Kantō de 1923, el de Kōbe de 1995 y el de Tōhoku de 2011.

Un caso de estudio interesante de ingeniería sísmica que hemos estudiado en clase son las pagodas. Hoy me gustaría compartir su historia con vosotros. Las pagodas son edificios construidos con fines religiosos, como parte del budismo. Normalmente están situadas cerca o dentro de templos budistas.


Pagoda de Cinco Pisos junto al templo budista de Sensō-ji, el más antiguo de Tokio, sus orígenes datan de 645.

Constan de varios niveles, y durante siglos fueron las estructuras más altas en las antiguas capitales, Nara y Kioto. Son también los edificios más antiguos que se conservan en Japón. Sin ir más lejos, la Pagoda de Cinco Pisos del templo budista Hōryū-ji, en Ikagura, está reconocida como uno de los edificios de madera más antiguos del mundo, datada en 594. Si alguno se pregunta por qué los edificios más antiguos son budistas y no sintoístas, la religión nativa de Japón, debería saber que siguiendo la tradición Shintō de que la naturaleza muere y renace en un período de veinte años, los edificios presentes en los santuarios sintoístas normalmente son desmantelados y construidos de nuevo cada cierto tiempo, con el objetivo de purificar el lugar y mantenerlo en buen estado permanentemente.

¿Cómo llegaron las pagodas a Japón?

Conozcamos primero cómo llegaron las pagodas hasta Japón, hace más de 1300 años nada más y nada menos que desde la India.

Resulta que las pagodas provienen de las estupas, construidas por primera vez en la India durante el reinado de Aśoka en el siglo III a.C. para albergar las reliquias de Buda. Se cree que la etimológica del vocablo pagoda proviene del término sánscrito dhatu garba (contenedor de reliquias sagradas), que evolucionó al cingalés dagoba, y que se refiere a estupa.



La mayoría de estupas del mundo se encuentran repartidas por los países asiáticos surorientales de tradición budista: India, Sri Lanka, Nepal, Bután y la región de Tíbet, aunque también podemos encontrar estupas en otros países, un ejemplo es la Dagoba Blanca del parque Beihai en Pekín, China.



De la India, la tradición de construir estupas pasó a Bangladesh y a Tailandia, donde las estructuras se conocían como chedi. Un ejemplo lo encontramos en el Wat Phra Kaew o Templo del Buda de Esmeralda de Bangkok. Se trata del Phra Si Ratana Chedi, una réplica de 1855 de las Tres Estupas del templo Wat Phra Si Sanphet, levantadas en la antigua capital Ayutthaya en 1448.



Gracias al esfuerzo de los peregrinos budistas que buscaban expandir la religión por el continente, la tradición de construir estupas para venerar reliquias y textos sagrados llegó hasta China. Allí se cree que la arquitectura típica de las estupas se fundió con el estilo de los antiguos pabellones chinos —de formas hexagonales y octogonales— dando lugar al diseño final de pagoda que más tarde predominaría en China.



Algunos ejemplos de pagodas octogonales son las Pagodas del Sol y de la Luna en el lago Shan Hu de Guilin; la Pagoda Leifeng ubicada sobre la Colina del Atardecer al sur del Lago del Oeste en Hangzhou, construida originalmente en 977; y la Pagoda del Buda Fragante del Palacio de Verano de Pekín, construida en el año 1750.




En cuanto a los países de Indochina, se piensa que las estupas se extendieron desde Tailandia a Camboya y Laos; mientras que las pagodas se extendieron desde China a Vietnam. Varios ejemplos de este último son la Pagoda de Trấn Quốc en el Lago del Oeste de Hanói, que data de los años 544-548; la Pagoda del Pilar Único en Hanói, construida en 1049; y la Pagoda de Thiên Mụ a orillas del río Perfume en Hué, construida en 1601.



Desde China llegaron también al resto de países del Este de Asia, primero a la península de Corea. Una representación es la Pagoda que alberga el Museo Nacional de Folklore de Corea junto al Palacio Gyeongbok en Seúl.



Por último, desde Corea las pagodas llegaron a Japón de la mano del budismo en el año 552, adoptando en sus primeras formas el estilo coreano Baekje y el chino Tang. Con el tiempo, el diseño de la pagoda sufrió una profunda transformación.

¿Por qué las pagodas de Japón no se caen con los terremotos?

Aunque por fuera las pagodas japonesas no tienen mucho de diferente que las pagodas de otros países de Asia —ciertamente a ojos de un occidental no entrenado sería díficil distinguir la procedencia de una pagoda simplemente por su aspecto—, resulta que estas guardan un secreto en su composición. Un secreto que permitiría definir este misterioso tipo de estructuras como una de las primeras obras maestras de ingeniería civil de la humanidad.

Pagoda de Cinco Pisos junto al templo budista de Kōfuku-ji, en Nara, construida en 1426.

En primer lugar, los materiales de construcción fueron adaptados. Mientras que en el continente la tradición era construir las pagodas con piedra, en Japón se construyeron enteramente de madera desde el principio. La madera era un elemento predominante en la arquitectura japonesa porque de acuerdo con la filosofía sintoísta proporcionaba armonía con la naturaleza. No obstante, se cree que otro de los motivos por los que se utilizaba madera para la construcción era precisamente porque los edificios de madera eran más resistentes a los terromotos que los de piedra. Un material flexible absorve mejor las cargas sísmicas. Cuando la madera se somete a una fuerza esta puede doblarse y deformarse sin llegar a romperse, y cuando la fuerza cesa regresa a su forma original.

Otra característica que complementa la flexibilidad es que las piezas de madera que conforman la estructura se unen entre sí sin utilizar ningún clavo, únicamente mediante la inserción de extremos finos y tallados en ranuras. Así, cuando la tierra se mueve, las articulaciones de madera tienen cierta holgura para torcerse y rozarse entre sí. Esto elimina en parte la rigidez.

Por si fuera poco, no sólo el material, sino también el tamaño y la forma de las pagodas se vieron modificados. Mientras que en China las pagodas eran estructuras de forma octogonal, con grandes dimensiones y cierta funcionalidad, con escaleras en su interior que permitían ascender hasta la última planta para observar desde cierta altura; en Japón las pagodas pasaron a tener forma cuadrada y el tamaño de la planta se vio reducida, de manera que el edificio pasó a convertirse en una torre sin más funcionalidad que la artística.



La segunda característica importante es la estructura en capas de la pagoda. Resulta que las plantas individuales de la pagoda no están realmente unidas unas con otras, sino simplemente apiladas una encima de otra. En Japón llegaron a predominar las pagodas de tres pisos (三重塔, Sanjūnotō) y las pagodas de cinco pisos (五重塔, Gojūnotō). Vemos que en ambos casos, el kanji 重 significa literalmente en japonés "columna de cajas", por lo que el término significa "un número (3 o 5) de cajas apiladas una encima de otra". Un detalle que apenas se aprecia es que cada piso es más pequeño que el de abajo sucesivamente, al igual que un pino, y los aleros son anchos y pesados, actuando como ramas estabilizadoras en caso de que el edificio comience a balancearse.


Pagoda de Cinco Pisos junto al santuario de Itsukushima, en la isla de Miyajima, construida en 1407.

La última característica principal, y la más sorprendente de todas, se trata de un invento japonés llamado shinbashira (心柱・真柱).

Al principio de su construcción las pagodas de cinco pisos no contenían pilares que atravesaran su centro y soportaran las cargas estructurales desde el fondo hasta la parte superior. Como hemos dicho, los pisos estaban apilados uno encima de otro y se unían mediante frágiles soportes de madera que permitían a cada planta moverse de manera independientemente.


Pagoda de Cinco Pisos junto al templo budista de Ninna-ji, en Kioto, que data del s. XVII.

La leyenda cuenta que hace mucho tiempo un experto carpintero tuvo ocasión de observar una pagoda de cinco pisos durante un gran terremoto. Dicen que lo que vió el carpinterio escapó por completo a su lógica. Mientras el piso inferior se balanceaba hacia la izquierda, el que estaba justo encima se balanceaba a la derecha, el siguiente a la izquierda, y así alternativamente, hasta que la tierra dejó de temblar. Lo describió como el movimiento de danza de una serpiente. Mientras duraba la onda sísmica los pisos oscilaban en fases opuestas, eso permitía al edificio moverse de una forma mucho más fluída que haría un edificio rígido y aguantar el terremoto.

Para evitar que los pisos se movieran demasiado hasta desencajarse y derrumbar la estructura, los constructores dieron con una ingeniosa solución, el shinbashira. Se trataba de un enorme pilar central talado a partir de un tronco grande de hinoki (ciprés japonés). El pilar en realidad no servía para soportar el peso del edificio —los pisos seguían apilados uno encima de otro—, sino que se sujetaba desde la parte inferior del techo y colgaba hacia abajo a través del espacio central. Algunas veces terminaba enterrado en la tierra, otras se apoyaba levemente contra el suelo, y en ocasiones ni siquiera tocaba el suelo, simplemente colgaba libremente. Durante un terremoto, el movimiento de balanceo de un piso en cualquier dirección venía restringido por el pilar. Cada vez que un piso se balanceaba hacia un lado, chocaba contra el enorme tronco central, y transfería a este parte de su energía, que era dispersada. Este era el principio básico del shinbashira.


Un ejemplo de Pagoda de Cinco Pisos con shinbashira lo encontramos en el santuario de Tōshō-gū, situado en Nikko.


La pagoda fue construida en 1650 y sólo fue reconstruida en 1818 tras un incendio. La descripción del templo dice que la pagoda no tiene cimientos, sino que contiene un largo tronco suspendido que se balancea como un péndulo, manteniendo el equilibrio en caso de un terremoto.



Si os acercáis hasta Nikko, vale la pena pagar un poco más y echar un vistazo de cerca a la pagoda antes de acceder al santuario. En su base hay unas rendijas desde las que se puede ver el shinbashira colgando y hay un puesto de información en el que explican cómo funciona.



Resulta impresionante que este tipo de estructuras tan notables hayan existido en Japón durante más de mil años y hayan aguantado hasta nuestros días sin llegar a derrumbarse por causa de los terremotos. La arquitectura de la Pagoda de Cinco Pisos es única, con un diseño particular de un país azotado por terremotos y con ayuda de técnicas desarrolladas de forma nativa. Y es que los antiguos maestros carpinteros japoneses anticiparon hace muchísimo tiempo conceptos de la ingeniería estructural moderna como la mecánica de un sólido rígido, el momento de inercia o el radio de giro.

Una herencia que ha llegado hasta nuestros días

Sorprendentemente, el concepto de shinbashira evolucionó con el tiempo hasta convertirse en lo que hoy en día conocemos como Amortiguador de Masa (en inglés, Tuned Mass Damper). Se trata de un sistema de absorción de vibraciones mediante el balanceo de un contrapeso colgante, normalmente bloques de acero. Estos se montan en la parte superior de los rascacielos y en caso de terremoto se mueven en contraposición a las oscilaciones de la frecuencia de resonancia, amortiguando las vibraciones del edificio.



Un ejemplo de esta tecnología está en el rascacielos Taipei 101, en Taiwan, con 509 metros de altura y cuyo diseño está inspirado curiosamente en una pagoda.



También la recién inaugurada Tokyo Sky Tree con 634 metros dispone de shinbashira, tomando prestada esta tecnología de las pagodas budistas.



Exactamente, a través del hueco central que discurre entre las escaleras y los ascensores, y que se encuentra separado del entramado exterior mediante amortiguadores hidráulicos. En palabras de la compañía propietaria, Tobu Tower Sky Tree Co., este sistema logra reducir las vibraciones ocasionadas por un terremoto en un 50 por ciento, haciendo que pueda llegar a soportar seísmos de magnitud 8.0.


Como ya se demostró el año pasado, la torre no sufrió daño alguno durante el terromoto de Tōhoku mientras estaba en construcción.

Las pagodas representan mejor que ningún otro símbolo de Japón el espíritu de resistencia frente a los terremotos. En siglos de historia no existe registro alguno de que estas misterioras torres sagradas hayan sucumbido a la fuerza desatada por la madre tierra. Su diseño inteligente y su aspecto elegante son un motivo de orgullo e inspiración para los arquitectos japoneses. Gracias a una tecnología que desarrollaron los antiguos maestros carpinteros, las ciudades japonesas son más seguras en la actualidad. Pensad en ello cada vez que os encontréis con una pagoda yendo de paseo por Asakusa, por Kioto o por Nara.



La idea para escribir el post surgió después de aprender sobre las pagodas en una asignatura de Riesgos Urbanos del master. También he consultado las siguientes fuentes

- AN ENGINEERING MYSTERY: Why pagodas don’t fall down, The Economist (18/12/1997)
- Pagodas de Cinco Pisos: ¿Por qué los Terremotos no las Pueden Derrumbar? Revista Nipponia No.33 (15/06/2005)