Se acabaron las vacaciones, ya estoy en Hong Kong en busca y captura de empleo.
Esta mañana he dejado Pekín y me ha dado mucha pena hacerlo. Ha sido una semana increible con Peque como anfitrión y con una ciudad que ofrece muchas alternativas turísticas.
Era la segunda vez que viajaba a Pekín y esta vez fue diferente. Quizás porque la vez que fui en Febrero fue un viaje a matacaballo visitando la Ciudad Prohibida, la Muralla China, el Templo de Verano, ... sitios que te pueden llevar perfectamente un día de pateo y no haberlos visto por completo. Ana y yo llegábamos a casa tan cansados que no nos quedaban ganas ni de salir a cenar.
Esta vez me lo he tomado más relajado. He pasado de revisitar las grandes atracciones turísticas, a excepción de la Ciudad Prohibida, y me he centrado en visitas cortas a lugares no tan conocidos pero igual de interesantes: la Colina del Carbón, el Parque de Beihai, el Templo de los Lamas, la Calle de los Calígrafos, el Mausoleo de Mao, la Torre del Tambor y la Torre de la Campana, un paseo por los hutong, la villa olímpica, ... y salir de fiesta, Peque me ha sacado de fiesta como nunca pensé que podía hacerse en Pekín: por Sanlitun y los bares que frecuentan los expatriados, el Propaganda y sus fiestas con ambiente universitario los miércoles, el Cargo y el MIX: dos clubs rollo local con chinas muy muy estilosas, ... ¡hasta tuve partida de póker una noche!
No he parado. Durante esta semana he tenido momentos en los que me sentía como si aún estuviera en la beca ICEX y fuera un viaje como tantos que me he pegado este año; con Peque hablando sobre su trabajo en la Oficina Comercial y con sus amigos becarios comentando las posibilidades de 2nda fase y empresas españolas establecidas en Asia. Parecía como si el sueño no hubiera terminado y aún siguiera siendo becario ICEX en Vietnam. Pero al final del día siempre despertaba del sueño y me iba a la cama intranquilo, pensando que tengo que ponerme a buscar trabajo y que viviré en una ciudad nueva. Entre el jet lag y las rayadas, pasé las primeras noches en vela.
Una de las conclusiones que he sacado de Pekín es que pese a que Saigón era bastante infierno de ciudad (para la vida de expatriado), Pekín tampoco me mola para vivir. Mucho frío, mucha contaminación, distancias muy largas, coger taxis a todas horas, muy chino, nadie habla inglés y los chinos son más rancios que los vietnamitas y no se prestan a entenderte o ayudarte. Reconozco que se vive mejor que en Saigón pero no me convence. Ha servido para reafirmarme en mi elección de Hong Kong y Singapur como ciudades donde empezar una nueva vida, ciudades chinas pero no demasiado chinas.
Me ha llamado mucho la atención ver como Peque y el resto de becarios manejaban el chino mandarín a la perfección y podían mantener conversaciones con cualquiera. En principio es comprensible porque disfrutaron de 3 meses para aprender chino exclusivamente pero es que como los locales no hablan nada de inglés, se fuerzan a utilizar el chino sí o sí para sobrevivir. Me daba mucha envidia. Yo con mi vietnamita podía comunicarme en algunos aspectos de la vida cotidiana pero no llegaba a esos niveles, y no fue por falta de formación, no señor, no necesitaba esos 3 meses, sino porque en Saigón casi todo el mundo hablaba algo de inglés y la mayoría de vietnamitas me forzaban a mantener la conversación en inglés. Me faltó práctica. En cualquier caso, también me da envidia que ellos manejen a la perfección un idioma tan útil como el chino mandarín, y yo con mi vietnamita no pueda hacer nada fuera de Vietnam, más que perder soltura a cada día que pasa. :'(
Bueno, ha sido una buena experiencia después de todo. Me ha hecho sacudirme de nuevo y ser consciente de que la beca se ha terminado de todas todas pero también ha servido para reafirmarme en mi decisión de volver a Asia por un tiempo más, estoy contento y realmente es lo que quería.
Por último, no puedo acabar estas conclusiones sin dar las gracias a Peque por acogerme amablemente en su casa, por llevarme de cena a buenos restaurantes y por sacarme de fiesta. Ya lo dije en su momento, es un gran amigo.